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Para leer con música de los Doors

Pues nada. Ahora sí que se ha acabado. Último desayuno en Hanoi -tortilla de verduras-, última noche en el Hostel…

Tradicionalmente hoy es el día tonto: ése en el que no sabes exactamente qué hacer hasta las siete de la tarde, hora en que me voy al aeropuerto. Me quedan algunas compras que hacer, tal vez una bia hoy y, con toda seguridad, un buen Pho Bo para comer.

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Esto es un restaurante de Pho Bo. Está a la puerta del hostel, al fondo puedes ver la olla del caldo y, entre cartones, el hornillo. Y sí: en sitios como este se come y bien.

Breve crónica de los últimos días.

Nos quedamos en Hoi An, esperando la hora de subir al bus. Eso fue a eso de la una: subí al sleeping bus y conocí allí a una pareja madrileños (nota al margen, he conocido a un solo catalán que decía ser mallorquín porque no tenía ganas de discutir con compatriotas. Yo no he discutido con nadie). Jessica y Adrián llegaban de Ho Chi Minh con ganas de naturaleza y tal y se lo estaban pasando la mar de bien. Viven en Ibiza, por cierto, ellos sí que saben.

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Adrián, Jessica y un servidor.

El viaje nocturno, perfecto. Me dormí a eso de las 10 y me he despertado cuando entrábamos en Hanoi. Me he ido con la pareja al Hostel y allí les he dejado para que se dieran una vuelta. Yo he ido a tomar el que sin duda es el mejor café que he tomado en Vietnam.

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Me lo han servido así, en una taza semisumergida en agua caliente.

Pero… ¿en qué has gastao el día?

En redescubrir las calles de Hanoi, dejarme llevar por la corriente humana, rechazar una y otra vez los ofrecimientos de motoristas y conductores de rickshaw. Voy sin rodillera y ya casi no me duele.

He mirado tiendas, dado la vuelta al lago (tras una noche en bus es la mar de aconsejable), me he sentado en los baruchos viet y luego he buscado un restaurantillo donde he pedido esto…

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Riquísimo, el salteado de setas. Muy buenos los pinchos de cerdo. La comida aquí es poco pesada. Casi no hay pan y los hidratos de carbono son a base de pasta o arroz. Es muy poco grasienta y, gracias a los palillos, uno come despaciiiiiitooo.

Y nada, en general un día normal y corriente con la sola diferencia de que estoy a 10.000 km. de casa. Por la tarde nuevo paseo, un picoteo de cena…

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Esto es embutido viet. No lleva vetas de grasa, sino cartílago. Está… bien.

Y hoy… pues paseo nostálgico sin rumbo, últimas compras (tengo que gastar los dongs que me quedan) y regreso a casa para alegría de familia y socio y tristeza mía.

¿Es este el último post?

Pues no, pero sí el penúltimo. Cuando pasen unos días y tenga masticadas las experiencias volveré a escribir en plan resumen del viaje. Hasta entonces, sean ustedes felices. Un servidor se va a hacer el check out y a dar un paseíco.

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Parón meterorológico

Me temo que hoy toca quedarse en casita. No importa demasiado, porque tengo que marcharme a las 12:30 para el largo regreso a Hanoi, donde llegaré mañana por la mañana.

Llueve una barbaridad. Pero mucho. Y algo me dice que, como ayer, los caminos junto al río estarán inundados. Anoche lo estaban…

Bueno, menos llantos y qué tal Hoi An

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Ahí, en la parte inferior, está mi alojamiento. Hay cosa de media hora a pie hasta la ciudad, pero siempre puedes alquilar una scooter o una bici. O pedir que te lleven a casa en un Xe Om, o sea una mototaxi.

Curioso y bonito, salvo por… no me adelanto. Hoi An es una ciudad portuaria y un centro de comercio internacional por lo menos desde el Siglo XVII. Aquí los mercaderes chinos y japoneses tenían sus sedes comerciales y sus centros de reunión. Es la ciudad con un casco antiguo mejor-peor conservado. Mejor, porque se ha gastado dinero (de donaciones internacionales) en la reconstrucción de más de 800 casas tradicionales. Peor, porque todas y cada una de ellas está tapada por una tienda. Una casa aquí debe costar un pastón y la idea es sacarle rendimiento.

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La entrada cuesta 120.000 dongs y permite visitar no sólo la llamada “Old Town”, sino las casas de comercio y templos que hay en ella. Muy espectaculares, muy al estilo oriental: oye, ¿no quedará un poco recargao? No, hombre, ponle estas bolitas doradas y las máscaras de guerreros. Y un Confucio, que se vea el poderío…

 

Es chulo y, sobre todo, el paseo es sumamente agradable, a pesar de lo pesaos que son los vendedores callejeros. Una no ha parado hasta venderme una bolsa de cacahueses, que estaban ricos, dicho sea de paso.

¿Qué se vende en Hoi An? Ropa, trajes a medida, artesanía, supuesta seda, joyas, bisutería… mochilas, pósters, camisetas, imanes de nevera. También está lleno de cafés y restaurantes, pero el punto está en

Los chiringuitos del mercado.

Allí solo venden comida son infinidad de puestos de aproximadamente 3 x 2 metros. Te sientas en el banco corrido de alrededor y pides lo que hay expuesto.

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Un servidor pidió rollitos vegetarianos, ravioli picante de masa de arroz y cerdo asado con ensalada. El cerdo, pse. Lo demás, increíble.

 

No fue barato (recordad: caro es igual a nueve euros) y ya se ve que es cosa del turisteo, pero está bueno, bueno.

Por lo demás, todo es deambular por las calles poquito a poquito, mirar a la gente (es un espectáculo ver a las orientales posar tal que si fueran heroínas de Anime o algo así), sacudirse a los vendedores, cruzar el puente cubierto japonés…

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Hoi An la Nuit

Por la noche, Hoi An parece una feria. La ciudad vieja va deteniéndose, pero al otro lado del río las calles iluminadas, la inacabable serie de puestecillos de artesanía, las tiendas y los omnipresentes restaurantes de comida de la ciudad: Cao Lao, Won Ton y demás delicias. Hay paseos nocturnos en bote (muy romántico, de no ser por el chaleco salvavidas, que no hace buena foto) y te venden linternas para que las eches también al río y se las lleve la corriente.

Vamos que todo se ve un pelo falso, pero gusta mucho a los visitantes tanto viet como de otros países.

Más agradable me pareció el final de la velada, junto al puente del río (puedes verlo en el mapa), echando una bia con unos divertidos viet que hablaban poco inglés pero se reían mucho (por cierto, asombra que hasta aquí estén más o menos enteraos de  lo que pasa en  cataluña: New country? — I don’t think so. The goverment will fix it).

Y hasta aquí…

Me da penilla, pero this is the end beatiful friend. En dos horas tomo un bus a Hue y, desde allí, otro a Hanoi, donde llegaré mañana por la mañana. Me tocará ir a la ciudad en scooter y bajo la lluvia, pero eso son experiencias.

Ah, la comida! Pues anoche no cené, por supuesto. Y esta mañana el casero no me ha dado Cau Lau, sino otra sopa:

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Esas hierbas verdes han acabado en el caldo. Buenísimo todo. Como casi siempre.

Hasta lueguitoooooo…

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No ganamos p’a sorpresas

Como he dicho ya, aquí cada día es otro día. Ayer dejé Hue en sleeping bus y llegué a Hoi An como tres horas más tarde. Una moto me llevó al Homestay a cambio de una cantidad desorbitada, seis euros. El de la moto solo me decía: “también puede ir en taxi”. Y tenía razón: en taxi se tardaba (y pagaba) mucho más.

Aquí nunca te piden el nombre: de algún modo saben que eres el huésped que estaban esperando.

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Así que me conducen a la habitación y…

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Tal que así es la choza. Repito: en un homestay. Repito: 12 euros desayuno incluido. Aire acondicionado, baño, luminosa, impoluta… la mejor habitación donde he estado en Vietnam (y no me he quejado de ninguna). Por supuesto, gente encantadora atendiendo al huésped.

El alojamiento está a media hora a pie de la ciudad, pero me alquilan una scooter y me acerco a echar un vistazo, aunque ya está oscureciendo. Me pierdo un poco, pero no tarda en aparecer una muchacha que me enseña el camino y me ayuda a comprar gasolina.

La vuelta es corta y motivada especialmente porque, con el viaje, solo he comido un sandwich y ando con gusa. Elijo restaurante cutre y pido pork ribs. Este es el resultado:

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Buenas, no, buayaya. Ligeramente adobadas y en su punto. De hecho se las recomiendo a un gringo que se sienta a mi lado.

Y esta mañana, desayuno. Entendí mal y creí que era fruta y café. Una mierda como la boñiga de un búfalo. Además de la sandía, el café y el té, me ponen esto:

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Se llama Lao Cau. Cerdo cortado finito, con piel frita para que quede crujiente y unos fideos gordos que se dejan coger de puta madre con los palillos. Y la ensalada sabrosísima de siempre. Ole no, buayaya.

Este es mi temporal alojamiento. Solo una noche más, porque vuelvo a Hanoi el día 31 y me pasaré la noche de viaje.

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Panorama desde la terraza del desayuno.

 

Cuidarsos. Yo intento hacer lo propio.

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Impresiones de Hue (y de los últimos días)

Buuuuf. Intensito el viaje, sin duda. Ahora mismo estoy en una cafetería cercana al hotel donde sirven cafés y tés estupendos y tienen una terraza magnífica, aunque ocupada por fumadores. Espero el bus que me llevará a Hoi An, pero sale a las 13:00 y son las 9, así que me queda tiempo para una última vuelta por Hue.

Aquí ando, ante un té helado y digiriendo lo hasta ahora vivido. Vamos a hacer unos esbozos…

Una ciudad señorial

Sí, se nota que fue capital imperial y también se nota la herencia cultural francesa. De hecho, aquí he visto más iglesias que en ninguna otra parte y también más lugares de veneración budista, desde pequeñas hornacinas a grandes templos.

Pero describamos. A Hue la define irremediablemente el río, un peaso río, dicho sea de paso, ancho como el Nilo. La cruzan solo dos puentes y uno está en obras para peatones y la diferencia entre ambas riberas es muy notable.

La ribera norte.

Alberga la ciudadela y el complejo imperial. La ciudadela alberga, a su vez, viviendas, restaurantes, establecimientos de alquiler y reparación de motos… (si uno tiene experiencia -el tráfico es terrible- recorrer el país en moto es una buena opción. La compras al llegar y la vendes al largarte).

Es una zona tranquila y no muy concurrida, salvo los alrededores de la residencia imperial. Y extensa, muy extensa. Ayer caminé, solo en este lado de la ciudad, no menos de 10 km.

La ribera sur

Más parecido al Vietnam bullicioso y caótico, más comercial. Es donde está mi hotel y en general donde está el ambiente nocturno. No lejos una calle peatonal flanqueada por bares y puestecillos se llena sobre todo de vietnamitas. Anoche era sábado y salen todos: padres, hijos y nietos. También hay muchos sitios de comida occidental donde van los viet y algunos turistas también, como yo anoche, un poco harto de palillos, que no de la comida.

Es la ciudad de la ropa y los zapatos. Fue famosa por sus sastrerías y ahora todo el mundo hace trajes a medida, aunque dicen que en general son una mierda.

La gente

En su línea habitual, maja, pero bastante más interesada en tu cartera que, por ejemplo, la gente de Hanoi. No pierden una sola oportunidad de sacarte un billete de 10.000 dongs. Los conductores de motos y rickshaws son mucho más insistentes, aunque aceptan con deportividad tus negativas.

En bares, restaurantes y al menos mi hotel, el trato es exquisito. Yo invitaría a los hosteleros españoles a darse una vuelta por aquí, donde los camareros son serviciales sin ser serviles, agradables sin ser pelotas y sonríen de un modo que yo diría que es sincero y todo. No piden propina, pero tienen una “Happy Box” y no te importa, en general, echar algo.

Para comer, elige cutre

Sí: muchos de los restaurantes tienen un aspecto poco apto para fanáticos de la higiene. En compensación, Hue está lleno de locales a un gusto más europeo, aunque con comida de la zona.

Pero es difícil equivocarse si entras en un chiringuito cutre. Comerás al menos igual de bien y a la mitad de precio. Y abundante: esto es lo que comí ayer.

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Sí. De nuevo una sopa de ternera con fideos y hierbas aromáticas, entre ellas la hierba limón. Se llama Bun Bo Hue y es distinta al Pho Bo de Hanoi. Me la sirvieron con ensalada (de nuevo hierbas muy sabrosas). Ya digo que el local parece una cueva, pero si eliges el cutre, aciertas.

Lo digo porque anteanoche cené en uno al gusto occidental. Cerdo con las omnipresentes hierbas aromáticas. Buenísimo, aspecto mucho más limpio… y mucho más caro. Aunque tampoco es un drama: “barato” es igual a 70.000 dongs con bebida, menos de 3 euros. “Caro” es igual a 140.000, menos de 6. Nada que desequilibre un presupuesto. Pero no disfruté el doble del cerdo que de la sopa.

Un país seguro

En las zonas más turísticas hay que andarse con ojo, pero lo cierto es que incluso los manguis son unos inocentones. Ayer me asaltaron como siete chavales sonrientes empeñados en hacerme una foto con mi móvil. Se les veía la intención a millas. Les dije que no y se fueron supongo que a la caza de otro.

Tampoco te sientes inseguro en las áreas menos concurridas, ni de noche, ni en el enorme y solitario parque que flanquea ambas riberas. La primera noche me quedé a mirar a una gente que hacía algo parecido al Taichi en el parque. Resultaron ser de la secta Falung Gong y me regalaron esto

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Y aquí lo dejamos por ahora. Daré cuenta de mi estancia en Hoi An desde donde me volveré a Hanoi en Sleeping Bus. Besos.

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Planes: relax y recapitulación.

Hoy he decidido tomarme las cosas con calma, no planear nada para el día, vagar por las calles, ver que pasa y, seguramente, pensar en todas las cosas que me han pasado en estos días y hablar un rato de las cosas de este país tan curioso.

¿Por qué? Pues seguramente porque ayer acabé un poco harto de hacer el turista y me perdí mi principal diversión viajera, perderme.

Breve resumen de las tumbas reales y la Pagoda Thien Mu.

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Contraté (erróneamente) una visita combinada coche-bote para visitar las tumbas y la pagoda. Esta debe ser casi la única ciudad de Vietnam que tiene monumentos de cierto interés histórico y/o artístico. Las tumbas son tres (hay siete pero, vete a saber por qué, solo se visitan esas tres)y son un espectáculo impresionante.

La primera es un enorme recinto amurallado salpicado por templos y residencias. Al parecer, el emperador que la construyó tenía la costumbre de llevarse allí a sus concubinas, escribir poesía, escuchar música y hacer sus cosas de emperador. Vamos, que vivía de puta madre.

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La segunda, Khai Dinh, es la más majestuosa, con unos acabados de un barroquismo espectacular. Data de principios del siglo XX y, en pocas palabras, echaron el resto en cuanto a lujo y recargamiento.

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Y la tercera es de esas sencillitas y que invitan a la meditación. De nuevo un recinto amurallado con templos, casas y finalmente la tumba. En los tres casos todo parece estar permanentemente en obras y junto a los monumentos hay máquinas y materiales de construcción.

Allí me dejó el coche, conducido por el, una vez más simpático Hung, y me embarqué en el bote, que es otra de esas cosas de turistas. Mala comida, indigna de la ciudad y una anciana empeñada en soplarme hasta el último dong vendiéndome recuerdos: alguna cosa compré regateando.

Pero la travesía mola: uno se siente Martin Sheen yendo al encuentro de Kurtz

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Todo para ir a ver una curiosa pagoda budista abierta al culto y que alberga las reliquias del monje a quien debemos la expresión “quemarse a lo bonzo”: un señor que eligió ese método para protestar por las políticas antibudistas del presidente survietnamita Diem (este era católico fanático y un pájaro de cuidado que acabó asesinado por sus propios generales).

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Aquí viven los monjes que atienden la pagoda.

Y ese ha sido (de momento) mi experiencia en la cosa turística.

Me explico: no me las doy de viajero ni nada por el estilo, pero a esta edaz uno ya sabe qué es lo que más le gusta de los viajes: deambular sin rumbo. Y eso es lo que haré hoy: dar vueltas, esquivar a los de los motobikes y los rickshaws y ver la vida. Ya os iré contando.

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El concepto BHue Ya Ya

[aviso a lectores no avisados: en jerga calabresa, “buayaya” viene a significar “lo siguiente a lo siguiente”. Ejemplo. ¿Bueno? no. ¿Lo siguiente? Tampoco: Buayaya. ¿Lo pillamos, pues adelante]

Noche en el tren

Nos quedamos en Tam Coc esperando el taxi que me llevaría a la estación. Llegó a las nueve y allá que fuimos una pareja de holandeses muy simpáticos y yo. Del viaje la verdad es que esperaba más, pero definitivamente es mejor el sleeping bus. El tren es sucio, viejo, tiene unos lavabos asquerosos y unos camarotes ínfimos. El bus es limpio, algo menos cómodo y se detiene regularmente para que uno pueda hacer sus aguas de ambos tamaños y tal vez  comer algo.

Pero son las diez de la mañana, estamos aquí y el  día entero es nuestro. El hotel es agradable y, como siempre, con un personal simpatiquísimo. La habitación es adecuada y luminosa aunque con mala vista. Y el desayuno, decente: buffet de frutas y un plato a elegir.

Hue

Una de las cosas que más me están gustando de este viaje es que cada etapa no tiene nada que ver con la anterior. Del bullicio caótico de Hanoi pasas a la calma rural de Sapa y luego a la fiesta surfera (aunque sin olas) de Cat Ba.

Y ahora toca Hue, la ciudad imperial. Una pasada.

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El Río Perfumado. Sí, se llama así.

No es tan liosa como Hanoi. Los vendedores son más insistentes y el tráfico sigue la pauta habitual: chufla, chufla, que como no te apartes tú… Y tiene, eso sí, y hasta el momento, dos cosas que merecen la visita.

1.- La Ciudadela Imperial

La construyeron los emperadores vietnamitas a principios del Siglo XIX, justo unos años antes de que los gabachos decidieran que Indochina molaba para quedársela y convirtieran a tales emperadores en un figuras decorativas. Es un recinto inmenso: la muralla exterior tiene un perímetro de 10 km. y calculo que la interior, la que alberga los edificios, tiene más de 1,5 km. de lado. Pero no hagáis demasiado caso.

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Es tan grande que puedes echar el día allí, solo paseando, entrando en los edificios, descansando junto a los estanques… La cosa va de lujo oriental un pelo decadente y, además de los edificios, hay muchas ruinas, cosa nada extraña porque los enfants de la patrie y los sobrinos del tío sam la castigaron bastante.

Y 2, la comida

Leí en mi guía de Lonely Planet que la comida de Hue era bastante buayaya y hasta donde he llegado es cierto. Tras visitar la Ciudadela he buscado un restaurante recomendado por la guía que ha resultado ser una especie de fast food con tres variedades de las que he probado dos:

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Unas crepes de masa de arroz rellenas de gambas y carne, con ensalada y salsa de cacahuetes.

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Una especie de albóndigas de cerdo. Se mezclan con la ensalada, se envuelven en ese papel de arroz y se mojan en la salsa.

Manjar de dioses.

¿Qué más? Bueno, he visto el museo de la Revolución (si cuidan la revolución tanto como el museo, vaya pena…)

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Y esto es todo por ahora.

Un servidor se va a dar una vuelta por el río. Mañana tengo una excursión en barca para visitar las tumbas de los emperadores y luego visitaré Hoi An un par de días, que me dicen que mola.

Besos y abrazos.

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On the road again!

Esta mañana he dejado Cat Ba con los líos inherentes al sistema vietnamita de transportes: bus hasta un puerto alejado, fast-boat hasta Haiphong, bus hasta Ninh Binh… pero empecemos por el principio.

¿Recomendaría Cat Ba?

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Si Sapa ciudad es fea pero el lugar en un paraíso, el factor “zonas residenciales feas” pesa más en Cat Ba. Cosa de los destinos costeros. La ciudad, por llamarla de algún modo, recuerda a las zonas playeras de la España de los setenta: una sola línea de edificaciones frente a la playa, locales chiringuiteros y hoteles de calidad variable pero cutres en general.

Es un destino para turistas vietnamitas, sobre todo en verano. Y los planes, nada seductores, para la zona, pasan por urbanizar todo aquello que no es Parque Nacional: resorts, parque temático, un zoo… en la misma linde del parque.

Y eso es lo que hace recomendable Cat Ba: la zona terrestre y marítima del parque. Ambas merecen la pena y mucho. Un día de crucero por la bahía de Halong y al menos medio por los bosques de la isla, donde dicen que hay langures,

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El langur de Cat Ba. No he visto ninguno…

¿El resto? Cosas de turistas. Pescado y marisco psé (allí sirven galeras y las llaman “mantis prawns”) y sobre todo mucho turista deportivo-fiestero: kayak, senderismo, escalada (incluyendo lo más entre los climbers: el psicobloc), paddle-surf… y ya.

ASí que reconózcolo la última noche estaba un poquito harto de la isla y, para colmo, el hotel no era de esos recomendables para depresivos. Eso sí, el dueño, señor Tuyen, era una persona estupenda y me resolvió todo lo resolvible. Lo que nos lleva al siguiente tema:

Vietnam funciona exclusivamente gracias a la voluntad  humana.

Cuando compré mi billete a Hue (50 euros), no sabía exactamente qué cubría todo ese pago. Pues bien, amigos, lo cubre todo. Desde Haiphong he venido en bus a un pueblo muy bonito llamado Tam Coc, cerca de Ninh Binh. Más o menos tres horas de viaje y espectáculo del Vietnam real: fábricas, cementerios budistas y cristianos, arrozales, mujeres arando con vaca y arado romano, sombreros cónicos…

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Cruzado por un río, con un montón de edificios tradicionales, hoteles cuquis y todo eso, está bien para perderse tres o cuatro horas, deambular por el mercado, las tiendas improvisadas. Es un poco la vida cotidiana en  este país.

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Aunque es una parada técnica, tiene mucho encanto. Y aquí me hallo ahora. Mi transporte incluye viaje a Hue en tren con literas e, inocente de mí, pensé que llegar al tren iba a ser cosa mía.

Pero no: el una vez más amabilísimo chico del hotel de parada me dice que está todo comprendido: usted viene del hotel Trung Hoan, del señor Tuen, ¿verdad? Pues nada, a las 8 pm aquí y le llevaremos a la estación. Si intentas hacer eso por su cuenta, te arriesgas a pasar algunas noches en aeropuertos y hoteles.

Ya he pasado el Ecuador de mi viaje.

No llegaré a Ho Chi Minh City, no vale la pena la paliza, y pasaré los días que quedan entre Hue, la ciudad imperial, y Hoi An, que dicen que es preciosa. Tengo hotel en Hue y está bien considerado por mi guía Lonely Planet.

El regreso a Hanoi… ¿tren, bus o avión? Los precios no son un problema: el avión cuesta diez dólares más que el tren. Lo iremos pensando…

Besis y seguimos.

 

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De turista de verdad

Vaya tres diítas. Dos se me han ido en viajes: de Sapa a Hanoi en sleeping bus diurno y, al día siguiente, de Hanoi a Cat Ba en minibús, cutreferry y furgoneta al cutrehotel de Cat Ba.

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Vinaphone patrocina este socialismo

La riviera vietnamita.

Ahí estoy ahora, en uno de esos lugares que llamaron mi atención años ha, leyendo un libro sobre los lugares más bellos del mundo.

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Restaurantes flotantes en Cat Ba

¿Qué decir? Lo chulo de la isla de Cat Ba solo puede verse de día. Las zonas residenciales son predecibles: restaurantes y más restautrantes, garitos fiesteros…

Aquí, la población occidental no llega a los 30. Muchos de ellos hacen de RRPP, como en Barcelona, atrayendo al turista generalmente borracho, o drogado o frecuentemente ambas cosas,  a sus discos. La diferencia es el horario. A las 17:00 es de noche y la fiestuqui empieza mucho antes que en casa. No es mal sitio para estar, como yo ahora, en una terraza viendo a la gente pasar.

El Cat Ba de día…

…alberga un parque nacional alucinante. Tiene dos caras: la marítima, que es la que hoy he visitado, y la terrestre, que haré mañana (sí, más senderismo). Hoy nos hemos embarcado a eso de las 8,30 y hemos recorrido la bahía de Halong, que es bastante indescriptible, aunque lo intentará. Es un archipiélago formado por miles de islotes calizos cubiertos de vegetación. Es uno de esos espectáculos para ver en plan zen, o sea, pensando en nada.

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Un laberinto de entrantes y rocas que, además, es uno de los paraísos de la escalada deportiva. No en plan Yosemite, pero sí con paredes cortas y de distinta dificultad muchas de las cuales seguramente pueden escalarse sin cuerda.

La excursión constaba de kayak, snorkel y visita a los monos. Para el kayak me ha tocado una china fea y con cara de mala leche, en un kayak que derrotaba sí o sí a babor y que solo podía hacer virar dando a la pala marcha atrás. Pero el sitio mola: las formaciones kársticas (hala, a wikipedia) crean túneles en las rocas y el paseo es muy divertido. Al final, la china no era antipática, solo era su cara.

Después de eso, comida a las 11:45. Qué raros son los viet.

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Descripción; rollos de primavera psé, tortilla francesa, pescado en salsa picante (rico), tofu con salsa (no mata), patatas con cebolla y zanahoria y arroz. Me voy apañando con los palillos.

Tras la comida, travesía tranqui. El snorkel tampoco mata, no es como en el Mar Rojo. Las aguas, a pesar de la temperatura no muy alta, eran cálidas y tranquilas, pero, bueno, no tenía nada que ver con la exhuberancia de los corales egipcios…

Después nos han llevado al sitio de los turistas: Monkey Island.

 

Nada, una playa de arena muy fina, macacos de esos que piden papeo todo el rato y que, además, muerden (la gente no aprende, joder) y ya.

Lo más interesante, ya en el regreso al puerto, ha sido esto:

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Literalmente es una aldea flotante. Vivendas montadas sobre plataformas y pequeñas piscinas que, supongo, sirven como  piscifactorías. Gente de todas las edades pasa aquí la mayor parte de su tiempo. Está al lado del puerto, pero constantemente pasan embarcaciones que les llevan lo que necesitan: combustible, agua, comida… Ellos viven del “seafood”, porque se supone que es lo más y…

Bueeenoooo. Malo no está

El pescao de hoy, por ejemplo, un pez que vivo es monstruosamente grande, estaba bueno. Carne firme como la del atún, pero no era atún. También nos han puesto almejas (“clams”) que vale, estaban buenas pero sin abusar.

Vamos, que (hasta el momento), si vienes aquí pensando que vienes a la Galicia asiática, pues no. El motivo lo adivinas en cuanto te tiras al agua, que estará a veintitantos grados. En estos sitios ni el pescado ni el marisco cogen sabor aunque los pilles en celo.

De hecho, mi primer contacto con la comida del lugar fue anoche, con…

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calamares fritos. ¿Malos? Generalmente los comes peores en los restaurantes de menú del cinturón rojo de Barcelona. Pero si sirves eso en Málaga, Sevilla o Cádiz, no esperes cola. Buenos y punto.

Lo que me está enganchando son las tortitas del desayuno. En estre hotel son más rácanos y me ponen solo una, no tres. Hoy con manzana, que aquí está cojonuda. Desayuno nutrititivo a la par que energético.

En conclusión, si quieres comer, Sapa o Hanoi. Cat Ba mola por el paisaje y por la fauna. Hay justo en la mesa al lado de la mía un caribeño jovencito escuchando salsa a toda hostia con alguien que parece ser la mujer que lo tiene alquilao o algo y que cuesta más rodearla que saltarla.

Mañana…

Descansaremos, lavaremos ropa y planificaremos por la mañana. Caminaremos por la tarde. Y pasado mañana tengo 24 horas de viaje (con larga espera) a la Ciudad Imperial de Hue. Voy en tren porque es posible que no llegue a Ho Chi Minh.

Bonus Pictures por seguirme.

Llevo sin afeitarme desde que salí y esta es mi pinta ahora mismo:

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Si estoy guapo, me lo decís, y, si no, lo comentáis con el de al lado.

Y otra más: esto es lo que ponían en la tele del restaurante de anoche.

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Sí señores. Un reportaje de La Uno sobre la marina española.

¿Cómo se sos queda el cuelpo?

 

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Homestay

Esta mañana, y tras la caminata de ayer, me dolían la rodilla, los cuadríceps y los abductores. Y ¿cuál es la receta apropiada para esos dolores? Exacto! Otra caminata. Más dura, bonita y embarrada que la de ayer.

Pero no pienso hablar de eso. En su lugar hablaremos del local donde me hospedo, curioso donde los haiga.

¿Qué es un homestay?

Es aproximadamente una casa rural. Pero muy, muy rural. En el  mío, Truong Giang Homestay & Restaurant, a la planta baja le han añadido una segunda planta con ocho habitaciones para huéspedes. Todo hecho de madera, revestimiento imitación de imitación de imitación de madera y corcho. Las habitaciones son espartanas: amplias pero sin muebles salvo un banco de plástico y la cama de matrimonio con un edredón. Vamos, que no pasaría la aprobación de la más laxa de las consejerías de turismo españolas.

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No o dejés engañar. En la mía no hay mueble. Pero, ¿no os parece ideal para encadenar una serie de polvos? ¿como un marco incomparable? Pues aquí me tenéis solito. Dios da pan a quien no tiene dientes…

En la planta baja la cosa es más interesante. Hay una cocina, la vivienda de la familia (dos habitaciones y ya), y una enorme terraza dotada de todos los servicios al caminante, esto es, cerveza, té, agua fresca, helados y la comida que quieras pedir, Aquí hacen de todo: desde comida de la zona (abundante en vegetales) hasta pizzas. Hay que ser muy pringado para pedir pizza.

También está el único baño. Aquí lo del agua corriente es, como poco, precario: unos tubos de goma alimentan depósitos de acero con agua del río, que recogen en la montaña. Así que en la misma habitación hay un lavabo/ducha, el tigre y un enorme barreño con un cazo que sirve para tirar de la cadena. El calentador es eléctrico y los cables cuelgan por el cuarto de baño. Otra de esas que en España cierran locales y hasta los demuelen.

Además de homestay, esto es un bar restaurante donde a veces acuden turistas  viet a cenar y me malicio que adolescentes ataviadas con sus galas occidentales a dar una vuelta. Repito que esto es, para entendernos, como Fuenlabrada en los años sesenta, pero con motos e internet. Y teles.

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Esta es la entrada…
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…y esto, la terraza.

Aquí hemos pasado todo el tiempo que no andábamos sendereando. Me refiero a mis jovenzuelos amigos Léopoldine y Alex..

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Os presento a Léopoldine y Alex. Ella estudiante de Derecho, él recién terminados sus estudios de informática, con dos meses por delante para conocer Indochina. Buena gente, buenos compañeros de caminata.

y a mí, claro. Y ¿Por qué aquí? Pues, francamente, una vez has recorrido las aldeas grandes y las pequeñas, te da lo mismo sentarte aquí que en cualquier otro sitio. Y hay una razón poderosísima para quedarse aquí que son:

Los caseros

Una joven pareja, ambos pequeñitos, siempre sonrientes. Ella, La Anh, habla inglés y, si no, tira de móvil y Google Translate. Él no habla inglés y estudió cocina en París. Y tampoco habla francés. Tienen dos hijos y pasan la vida aquí.

Son gente acojonantemente hospitalaria. Hoy, por ejemplo, tras la caminata, se ha acercado a nuestra mesa y nos ha pelado unas manzanas. Por nada, porque le apetecía. Estaban deliciosas: no eran Golden ni Granny Smith ni Fuji. También te sirven cada vez que les da la gana uno de sus tés en una tacita pequeña.

De majos que son llegas a sentirte mal. Hoy he llegado con mis botas cubiertas de barro (tocaba caminar entre los campos de arroz y qué coño, uno no sale para volver limpio) y el marido se ha empeñado en limpiarlas, a pesar de que no hacía mas que decirle que por favor no, que no me gustaba eso. Me sonreía y seguía limpiando. Se las habría quitado pero eso habría supuesto un momento violento.

Anoche nos invitaron a cena familiar, No gratis, por supuesto, pero pagando una mierda. Nos inflaron a vino de arroz (que aquí se bebe como los rusos el vodka) y nos sirvieron esto:

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  • Brotes tiernos de bambú salteados. Vienen a ser nuestros espárragos.
  • Pollo a la parrilla con vegetales, servido en un plato de hierro caliente.
  • Sopa de calabaza con patatas y espinazo de búfalo,
  • Brotes de soja con búfalo.
  • Rollitos de primavera que NO TIENEN NADA QUE VER con los que he comido en mi vida.
  • Cerdo hervido y acompañado de unas hierbas entre ácidas y picantes.

En resumen, peaso cena.  Y hoy tenemos otra que habremos de compartir con unos ruidosos, aunque amables, chinos (o no sé, porque entre ellos hablan en inglés).

Así que, si vas a hacer gasto, si la terraza mola y si los caseros también, pues mejor a ellos, ¿no?

Comer aquí.

Aunque en esta zona comen cosas tan extrañas como arroz con perro, si pasas de la cosa exótica, la comida oscila entre muy buena e increíble, no, lo siguiente. Muy buenos eran, por ejemplo, los fideos con pollo que nos han puesto hoy en una choza en el camino. Con la cerveza y una botella de aguam, 40.000 dongs, menos de dos euros.

Y deliciosa la cena de anoche, también por 40.000 dongs bebidas aparte. Pero lo mejor, cuando llevas un par de días aquí es que puedes pedir lo que quieras con los ojos cerrados porque todo está cojonudo o simplemente muy bueno.

Todos los platos son abundantes en setas y vegetales, cosa que el estómago español agradece. No hay pimiento y a partir de aquí lo comes y lo disfrutas. Las verduras tienen pintas reconocibles, pero sabores distintos. Las hacen salteadas. Este es el paraíso de los vegetarianos.

Esto es todo por un par de días,

Mañana tengo que estar a las 15:00 en Sapa para regresar a Hanói y pasado mañana me voy a Cat Ba.  No creo que los próximos dos días den para blog. Si es así, estupendo. Si no, pues volveremos a vernos. Besos.

 

Destacado

Un paseo con las jamón

(Dos cosas antes de empezar. De google también me gusta el baratísimo Chromebook que uso para esto: ligero (1 kg), de batería eterna y resistente. 

La segunda cosa es que si no sabes por qué llamo “jamón” a las hmong, no has visto Gran Torino y tú te lo pierdes)

Bueno. Al final, los dos días de trekking han quedado en uno y no demasiado duro, salvo por… no me adelanto. Pero ha estado bien no solo lo mucho que he aprendido, sino unos cuantos recuerdos infantiles que me han venido al cabolo. Vamos allá.

En la provincia de Lao Cai, valle de Sapa, no está bien visto aventurarse solo por los senderos. Mientras los hombres trabajan MUY duro en las montañas, talando árboles o en las obras, las mujeres cultivan y descascarillan el arroz, hacen bordados, venden recuerdos o hacen de guías de trekking.

Claro está, lo que para ellas es un paseo habitual, para nosotros es una caminata en toda regla. De hecho, pedí una no demasiado dura porque ando con la rodilla algo averiada (nada, con rodillera no duele, pero no es cosa de liarse en un sendero técnico que… no me adelanto). A las diez de la mañana nos esperaba la guía (que tiene uno de esos nombres que no retienes ni aunque tu vida dependa de ello) con dos amigas, todas de la etnia Hmong. Vete a wikipedia para informarte sobre las etnias de esta parte del país.

Las guías no llevan botas de trekking. Llevan botas de agua y una de las amigas, ni eso: chanclas del chino y ya. Nosotros, una joven pareja de franceses, Léopoldine (en homenaje a Víctor Hugo), Alex y yo equipados como para cazar tigres.

La cosa se pone jodida a los pocos minutos cuando nos encontramos una trocha no muy difícil pero resbaladiza como la madre que la parió. Las muchachas caminan como si estuvieran en el Mercadona, incluyendo esta, que iba con su ninio:

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Ya la véis, con el bebé y una bolsa de plástico. Pues bueno, en el sendero he empezado a preocuparme seriamente por  mi equilibrio. De hecho, me he caído tres veces. Tres. Sobre el puto fango que se pegaba a las botas hasta convertirlas en adoquines. Con las tres Hmong todas sonrientes y pregutando Are you OK? cada cinco minutos. Al final he tenido que decirles que tranquis, que lo estaba pasando bien, que soy de natural sudoroso pero que sí, que OK.

En todo caso, el descenso ha sido infernal:

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Para que os hagáis una idea, es esa línea marrón que tenemos al fondo. Un largo tobogán fangoso en el que necesitabas 40.000 ojos para dar cada paso. Tú, claro, porque las muchachas Hmong descendían cual gráciles bailarinas.

¿Para qué te pegas esa paliza, Pipe?

Bueno, paliza no ha sido salvo esa parte. El resto era sendero y/o pista pavimentada con poco desnivel. Con paisajes acojonantes:

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y, sobre todo, mucha vida local. Aquí casi todos viven en aldeas. Estamos en Ta Ván (no en Lao Chai, que está algo más arriba) y la vida se hace literalmente al borde de los caminos. Salvo las más recónditas (una de ellas hogar de nuestra guía). todas tienen al menos guardería y cada pocas ellas, escuela elemental e instituto. Es un país comunista, aunque no lo parezca, y sí tiene un especial cuidado en facilitar la educación y de paso el trabajo.  Las mujeres se casan a los dieciséis o diecisiete, tienen hijos de inmediato y no están las cosas para quedarse en casa hasta que cicatriza la episiotomía. Así que dejan a los nens en la guarde, llevan a la espalda a los más chinorris, y se buscan la vida,

Y ahí es donde entran las amigas. Al final del sendero infernal, toca comprar. Y si te han acompañado, ayudado y hasta regalado un caballito hecho con juncos, ¿cómo no vas a comprar algo? Además venden cosas bonitas, regateas a desgana (5.000 dongs son 20 putos céntimos) y cuentas con la relativa protección de la guía, que llegado un momento, te dice que no con la cabeza, siempre sonriente.

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Lo que venden son mayormente artesanía textil. Bordan sobre tejido de cáñamo telas, bolsos, carteritas… las niñas hacen pulseritas y las regalan o las venden (y cómo vas a regatear a una niña los cuarenta céntimos que te pide por la pulsera…)

Por cierto, respecto al cáñamo. Sí, lo fuman en unas pipas de bambú. No. No lo he probado, pero he olido un cogollito y, bueno.., no pasaría la aprobación de los expertos en el fumeteo de marijuana.

Es el tipo de vida que ha vivido la generación anterior a la mía.

Digresión: cuando era muy muy chinorri sufrí una tos ferina que aconsejó mi marcha durante algunas semanas a Fuenlabrada de los Montes, mi pueblo (sí, nací y soy catalán, pero adoro Fuenlabrada).

Bueno, pues esto no resultaría extraño a alguien que haya vivido en un pueblo hace digamos 50 años: los pollos andan sueltos por las calles, como los patos,  los cerdos (qué feos son los cerdos vietnamitas, joder) y los búfalos, que son sus vacas. Niños a cascoporro, de todas las edades y que parecen dejaos de la mano de dios, pero no, mujeres paseando y hablando a voces de un lado al otro del camino…

Solo dos cosas cambian: el omnipresente internet, todo el mundo lleva Samsungs, Huaweis o iPhones, en todas partes hay conexión, y las motos. Miles de motos en la que transportan cualquier cosa que os podáis imaginar: troncos de tres metros, rollos de tubería de goma (el agua corriente es un depósito alimentado por esas tuberías), trastos de albañilería, familias enteras…

Como véis, no estamos tan lejos.

Vale, ¿qué has comido?

Sí. Eso no puede faltar. Hemos comido en el camino, en un restaurante. A medida que entras en esto, te das cuenta de que has estado pagando caro, porque hoy he comido cojonudamente:

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Fideos con búfalo y vegetales. El plato, 2 euros. La cerveza, menos de un euro. En total, 70.000 dongs.

¿Y ahora?

Pues la casera nos invita (pagando) a una cena familiar. Hará algo con setas, verduras y carne. Mañana no tengo plan y algo haré. Y os lo contaré.ç

Adiositoooooooo…